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Tres retos para la seguridad alimentaria mundial

Expositor de carne en un supermercado

Hoy los impactos ambientales más importantes se derivan de nuestro sistema alimentario, incluyendo la agricultura, la ganadería, la acuicultura y la caza, porque conlleva la pérdida de biodiversidad y la deforestación; el estrés hídrico en muchas partes del mundo; produce una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero y genera grandes cantidades de nitrógeno y otros nutrientes que crean zonas muertas en grandes extensiones litorales. Al mismo tiempo, el sistema alimentario se ve influenciado por el cambio climático, la degradación de la tierra y la pérdida de biodiversidad.

Los científicos predicen que el calentamiento global afectará a la producción agrícola en la mayor parte del mundo, con consecuencias potencialmente desastrosas para la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia. Además, el actual sistema alimentario lleva asociado la existencia 800 millones de personas hambrientas y unos dos mil millones desnutridas así como el aumento de la obesidad en muchos países. Estamos ante una grave crisis que tiende a empeorar.

Al aumentar los ingresos económicos en China, la India y otras partes del mundo en desarrollo, la demanda de carne se está incrementando. Se necesitan unos 7 kilos de grano para producir 1 kilo de carne lo que aumentará la demanda de tierra y agua para la producción de alimentos. El crecimiento de la población en muchos países en desarrollo, especialmente en los más pobres, y los efectos del cambio climático no hacen más que empeorar la situación.

El mundo tiene hoy un marco de acción para lograr sistemas alimentarios sostenibles con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el acuerdo del clima de París; sin embargo, debemos afrontar tres retos importantes. En primer lugar, los Gobiernos nacionales deberían cumplir sus propios compromisos relacionadas con el medioambiente y trabajar juntos con el objetivo de respetar los límites planetarios esenciales para la preservación de los bienes comunes. En segundo lugar, en el ámbito científico y universitario también se deberían coordinar esfuerzos y proponer objetivos comunes para el uso sostenible de los alimentos y de la tierra. En tercer lugar, todos los países deberían tomar en consideración las consecuencias a largo plazo de sus estrategias cortoplacistas y, de este modo, evitar prácticas insostenibles.

ARTÍCULO COMPLETO (en inglés)