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Somos lo que tiramos

Hace un par de años, una mujer con 80 años guardaba una patata en su armario. No era un amuleto o hechizo mágico. No había nacido en África, ni en Asia, ni en América Latina. La patata estuvo en aquel cajón durante 60 años. El elemento ya no era un tubérculo protuberante, carnoso y comestible, era un feo pedrusco arrugado y petrificado. Un contenido caduco y revenido por el tiempo. La mujer, oriunda de tierras riojanas, guardó la patata durante la postguerra española y el recuerdo de la hambruna quedó guardado en aquella patata.

El hambre coexiste junto con la producción masiva de alimentos. Este es el modelo que reproducimos en los últimos años: cuantos más ingresos, más desperdicio generamos; y cuantos menos ingresos, más ecológicos y responsables nos volvemos.

Comprar y consumir son dos cosas distintas. Tenemos hábitos torcidos por la publicidad, por eso hemos dejado de consumir lo que necesitamos para comprar compulsivamente lo que nos llama la atención, así lo necesitemos o no. ¿Qué solución se le podría dar a este gran problema? En primer lugar, moderarnos en la compra, comprar solo lo que vamos a utilizar es la solución idónea. Ponerlo en práctica de la noche a la mañana, puede no ser posible, por eso podemos buscar soluciones intermedias que se basan en otro hábito responsable: compartir.

¿Aprovecha o desperdicia la sociedad madrileña? El pasado mes de junio se presentaron los resultados de la encuesta sobre desperdicio alimentario en Madrid, publicada por la Universidad de Comillas y Prosalus. Según los datos, el 2,5% de las personas encuestadas se consideran "grandes desperdiciadoras", el 25% "desperdiciadoras", el 46% "concienciadas" y el 27% "aprovechadoras". El perfil de aquellas personas consideradas grandes desperdiciadoras son jóvenes menores de 35 años, con estudios superiores, renta alta o media-alta, principalmente hombres, no sensibilizados con el consumo responsable, pero, curiosamente sí sensibilizados con la sostenibilidad ambiental. Una información destacada del informe es que en los hogares madrileños "compartir o donar alimentos fuera del hogar no es práctica habitual".

Artículo completo en Alterconsumismo: https://elpais.com/elpais/2017/07/24/alterconsumismo/1500928178_137926.html