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Semana Mundial del Agua

Caída de agua en Islandia

Fuente: Planeta Futuro  3.600 millones de personas en todo el mundo, casi la mitad del la población mundial, ya están viviendo en áreas con potencial escasez de agua al menos un mes al año, y podrían aumentar a entre 4.800 y 5.700 millones de personas en 2050, estima Naciones Unidas.

En este escenario, los ecosistemas pueden desempeñar un papel clave para el futuro de la humanidad, por eso están en el centro de la nueva edición de la Semana Mundial del Agua (World Water Week), que se inició el pasado domingo en Estocolmo, donde más de 3.300 expertos, representantes de organizaciones y empresas han debatido acerca de ecosistemas, agua y buena gobernanza de estos recursos para el desarrollo humano. Casi 240 sesiones, organizadas por el Instituto Internacional del Agua de la capital sueca (Siwi, por sus siglas en inglés).

Tres años después de que Naciones Unidas aprobara la Agenda 2030 para construir un mundo mejor, los organizadores de la Semana Mundial del Agua quieren comprobar los avances y los obstáculos para alcanzar las metas fijadas por el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6: agua asequible y limpia para todos para 2030 y poner fin a la defecación al aire libre. Para avanzar, aseguran, será necesario adoptar un enfoque más integrado, que contemple varios ODS a la vez. En esta visión, el agua puede ser la clave para la implementación eficaz tanto de la Agenda 2030 como del Acuerdo de París contra el cambio climático, firmado en 2015.

Infraestructuras verdes

La biodiversidad y las soluciones basadas en la naturaleza han copado la atención de los debates, con especial interés en las infraestructuras verdes (que aprovechan los sistemas y procesos naturales) y azul (vinculada al ciclo del agua) ayudando a mitigar el problema de la falta de agua, que podría alcanzar en 2050 a 5.000 millones de personas. Las infraestructuras basadas en la naturaleza pueden, además, mejorar el suministro y la calidad del agua y reduciendo el impacto de los desastres naturales.

Para lograr las metas fijadas en agua y saneamiento para 2030, según los organizadores del evento, hay que adoptar un enfoque más integrado, que tome en consideración varios ODS a la vez.

España ofrece distintos ejemplos de su uso innovador, como el proyecto de Alcazarén-Pedrajas (Valladolid), un sistema de aguas residuales, que son filtradas a través de arena y, una vez purificadas, se utilizan para regar en verano alrededor de 400 hectáreas de cultivos (zanahorias, endivias y fresas).

Etiopía, por ejemplo, ha buscado en la naturaleza la solución a los problemas derivados de la construcción de carreteras que, cuando está mal ejecutada, agrava las inundaciones y la erosión. La iniciativa Roads for Water usa las arterias de comunicación para recolectar el agua a través de zanjas de infiltración, estanques de almacenamiento y desviadores con el efecto de mitigar las inundaciones en las tierras bajas y ayudando a estabilizar las cuencas en las montañas. Este sistema, que se está exportando a otros 12 países, contribuye también a aumentar la productividad de los cultivos en áreas cercanas, al mismo tiempo que reduce los costes de mantenimiento de las carreteras.

La ciudad keniana de Kitui, 150 kilómetros al este de Nairobi, se encuentra en un territorio semiárido caracterizado por dos estaciones de lluvias que se alternan a un periodo seco en el que el agua escasea. Para responder a este reto el Gobierno planea construir 2.000 presas de arena para 2021, cada una de las cuales cuenta con una capacidad para almacenar hasta 10.000 metros cúbicos de agua al año.

Estas son algunas de las soluciones innovadoras que se han ido presentado a lo largo de la Semana Mundial del Agua para proteger las reservas de agua subterránea y hacer que las comunidades sean más resilientes ante el cambio climático.

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