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Movilizar conocimiento para transformar

Por Eduardo Sánchez Jacob. Relaciones Institucionales de ONGAWA

Casi todas las ONG de Desarrollo compartimos valores, códigos de conducta y  modelos de intervención, por lo que a un observador externo le pudiera parecer que somos iguales. Sin embargo, los que llevamos unos años en el sector de la cooperación al desarrollo sabemos que no todas son iguales, y que algunas son imprescindibles, que la cooperación española sería muy distinta si no estuvieran, y en esa categoría creo que está Prosalus.

Una ONG del tamaño mediano si solo se dedica a hacer proyectos de transferencia de recursos tiene un impacto limitado, porque los recursos que puede canalizar también lo son, y la forma más eficaz de aumentar su repercusión es movilizar conocimiento y relaciones para transformar el contexto del desarrollo. El propio tamaño obliga a centrarse en pocas temáticas y acertar o errar en la elección marca la gran diferencia. Y Prosalus ha sido muy certera en las temáticas que ha trabajado.

En el ámbito de la salud, uno de los ámbitos abordados desde su origen, Prosalus ha sabido transitar hacia una concepción amplia basada en los determinantes de la salud, lo que ha abierto camino para que las ONG no sanitarias podamos entender mejor nuestra capacidad y responsabilidad para contribuir al derecho humano a la salud, desde muchos sectores como el agua y el saneamiento o la habitabilidad básica.

Desde esta nueva lógica, la alimentación surge como uno de los principales determinantes, ya que no es posible estar sano sin estar bien alimentado. El cruce de este determinante con los derechos humanos dio lugar a la campaña “Derecho a la alimentación Urgente”. Cuando se inició el proyecto se sabía muy poco de cómo incorporar el enfoque de derechos humanos en las intervenciones de desarrollo. A partir del análisis riguroso y la publicación de estudios, ha ido construyendo un conocimiento teórico y práctico que permite la promoción real de los derechos para organizaciones sociales, agencias de cooperación, universidades y, especialmente, administraciones públicas, que son las que en última instancia tienen la obligación de garantizar el disfrute efectivo los derechos humanos. Además esta lógica de trabajo ha sobrepasado el ámbito de la alimentación y ha servido a organizaciones, como ONGAWA, como referente probado para el desarrollo de nuevos modelos y métricas para la defensa del derecho humano al agua y saneamiento.

Puedes leer el artículo completo en el número especial 30 aniversario de la Revista Prosalus