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Comienzan los ODS

Apertura de la 70 Asambklea General de las Naciones Unidas

Unicef avisa de que las niñas de los hogares más pobres del África subsahariana no alcanzarán el nivel básico de la escuela secundaria hasta 2.111 y que 68 millones de niños menores de cinco años morirán desde ahora hasta 2030 por causas prevenibles. ¿Cómo se explica esta situación en una región que desde hace dos décadas crece al 5,2% anual? La culpa de todo esto la tiene la enorme desigualdad. Como señala Jason Hickel, antropólogo en la London School of Economics (LSE), “desde 1980, el 95% de todos los ingresos generados por el crecimiento económico mundial ha ido a parar al 40% de la población, los más ricos, lo que significa que solo el 5% ha llegado a los más pobres (el 60%)”.

Y es este asunto uno de los que centra la nueva “Agenda2030 para el Desarrollo Sostenible” que 190 países aprobaron el pasado 25 de septiembre en la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta agenda, que sucede a los 8 Objetivos de Desarrollo, pondrá el acento, además, en la lucha contra la pobreza y la protección del medioambiente.

Diferencias con los ODM

Los ODM fueron definidos por un grupo de expertos y acabaron siendo aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas sin que hubiese existido un amplio consenso en su formulación. En cambio, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) surgen de un largo proceso de consulta con gobiernos, expertos y actores no estatales. La segunda es que los ODM fueron pensados y creados como una agenda de desarrollo para los países pobres, mientras que los ODS son una agenda universal que abarca a todos los países del mundo. Y la tercera es que al pasar de 8 objetivos a 17 puede acabar siendo inabarcable y tener menos capacidad de movilización.

Principales escollos

Como indica Mercedes Ruiz-Giménez, presidenta de la Coordinadora de ONGD-España “la puesta en marcha de esta hoja de ruta exigiría cambios profundos en el sistema económico y político internacional y, de momento, no parece que se vaya a dar”.  Es necesaria la creación de un plan nacional de implementación en cada país, definido con la participación de distintos sectores: academia, sociedad civil, parlamento, sindicatos… Y algo tanto o más importante “la llamada coherencia de políticas, es decir, garantizar que nuestras políticas económicas, comerciales, energéticas, migratorias… son coherentes con la defensa de los derechos humanos aquí y en cualquier lugar del mundo”.

 

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Fotografía de Naciones Unidas con licencia creative commons