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Cobertura sanitaria universal para tod@s

Carteles de la OMS sobre la cobertura sanitaria universal

“Nadie debería tener que elegir entre la muerte y las dificultades económicas. Nadie debería tener que elegir entre comprar medicamentos y comprar alimentos”. La experiencia ha demostrado, una y otra vez, que la cobertura sanitaria universal (CSU) se logra cuando existe una firme determinación política. El próximo 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud y este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) quiere llevar la atención hacia este tema.

La OMS se fundó sobre la base del principio de que todas las personas deberían poder hacer efectivo su derecho al grado máximo de salud que se pueda lograr. Por lo tanto, la “Salud para todos” ha sido la visión que ha guiado su trabajo. Este año en que celebra su 70 aniversario, pide a los líderes mundiales que respeten los compromisos que contrajeron cuando acordaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015, y que se comprometan a adoptar medidas concretas para promover la salud de todas las personas. Esto significa garantizar que todas las personas, en cualquier lugar, puedan tener acceso a servicios de salud esenciales y de calidad sin tener que pasar apuros económicos.

Los países que invierten en cobertura sanitaria universal realizan una importante inversión en su capital humano. En los últimos decenios, la CSU ha surgido como una estrategia clave para avanzar hacia la consecución de otros objetivos relacionados con la salud y de desarrollo más amplios. Pero para que los servicios de salud sean verdaderamente universales, es necesario pasar de unos sistemas de salud concebidos en torno a las enfermedades y las instituciones, a unos sistemas de salud concebidos en torno a las personas y para ellas.

El acceso a cuidados esenciales y de calidad y a la protección financiera no solo mejora la salud de las personas y su esperanza de vida, sino que también protege a los países de epidemias, reduce la pobreza y el riesgo de padecer hambre, crea empleos, impulsa el crecimiento económico y promueve la igualdad de género.

La cobertura sanitaria universal tiene consecuencias directas para la salud de la población. El acceso a los servicios sanitarios permite a las personas ser más productivas y contribuir más activamente al bienestar de sus familias y comunidades. Además, asegura que los niños puedan asistir a la escuela y aprender. Al mismo tiempo, la protección contra riesgos financieros impide que las personas se empobrezcan al tener que pagar de su propio bolsillo los servicios de salud. Por lo tanto, la cobertura sanitaria universal es un componente fundamental del desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza, y un elemento clave de todo esfuerzo por reducir las desigualdades sociales.

Algunos países ya han logrado importantes avances hacia la cobertura sanitaria universal. Aun así, la mitad de la población mundial todavía no puede acceder a los servicios de salud que precisa. Si los países quieren alcanzar la meta de los ODS, mil millones más de personas deberán beneficiarse de la CSU de aquí a 2023. En la actualidad, cerca de 100 millones de personas se ven sumidas en la pobreza extrema, y obligadas a sobrevivir con menos de 2 dólares al día, porque tienen que pagar los servicios de salud de su propio bolsillo. Casi el 12% de la población mundial (más de 800 millones de personas) destinan como mínimo el 10% del presupuesto familiar a gastos de salud, incurriendo en lo que se denominan “gastos catastróficos”.

En España, la entrada en vigor de la reforma sanitaria en 2012 ha significado la exclusión de colectivos en situación de especial vulnerabilidad: personas migrantes en situación administrativa irregular (incluidas mujeres y menores de edad), jóvenes o pensionistas, entre otros. Como señaló recientemente Médicos del Mundo, España ha crecido por encima de la media de los países de la UE después de la crisis, sin embargo, no ha aumentado su inversión en el sistema público nacional de salud. Esta tendencia no parece que vaya a mejorar a la luz de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) 2018 presentados por el Gobierno, cuya inversión en sanidad ha seguido descendiendo, destinando sólo el 5,8% de su Producto Interior Bruto (PIB), dos décimas menos que el año pasado, muy por debajo de la media de los países del entorno de la UE, que alcanza el 7,2%.

 

Bibliografía:

- OMS

- Médicos del Mundo