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2015: un hito kilométrico para el Planeta

Tierra reseca en Darfur. Fotografía de Naciones Unidas

Escrito por Yolanda Guerrero Doménech

El informe final de la ONU sobre los ODM da cuenta de una reducción significativa de la pobreza y el hambre, pero también admite que “el progreso no ha alcanzado a todos”. Los dirigentes políticos reunidos en la Asamblea General de Naciones Unidas del 6 al 8 de septiembre del año 2000, al calor del nacimiento del tercer milenio de la era moderna, resolvieron anunciar en un documento titulado Declaración del milenio una serie de objetivos destinados a construir “un mundo más pacífico, más próspero y más justo”. Aquel escrito se concretó en el enunciado de ocho metas básicas (resumidas en la reducción a la mitad de la pobreza y las desigualdades) y hacia las que los 189 países que integran la ONU acordaron entonces dirigirse para traspasarlas al cabo de los siguientes 15 años.

Este que ya ha alcanzado su ecuador, 2015, iba a ser, como profetizó el actual secretario general del organismo internacional, Ban Ki-Moon, “un hito”. Pero ya no es momento de predicciones: en él estamos, al hito hemos llegado. Al fin, nos encontramos frente a frente con el hito kilométrico de los Objetivos del Milenio (ODM), la señal que marca una inflexión en el viaje, la que indica una frontera o un alto en el sendero, el miliario áureo de los romanos que, en cualquier vía o senda del imperio, servía para indicar al viajero la distancia que le separaba de Roma. Pero, ahora que ya estamos en el hito y podemos hacer balance junto al mojón que advierte de una curva decisiva en el camino, resulta legítimo preguntar: ¿a qué distancia nos hemos quedado de Roma?

Difícil es la respuesta. Y, en cualquier caso, no tan halagüeña como la que se esperaba en el año 2000. Eso se desprende del informe final sobre los logros y déficits del trabajo realizado en pos de los ODM que publicó la ONU el pasado 6 de julio, en cuyo acto de presentación el propio Ban Ki-Moon admitió que, pese a los “notables logros” en estos años, “el progreso no ha alcanzado a todos, demasiadas personas se han quedado atrás”.

El Objetivo del Milenio que encabezaba la lista se proponía erradicar la pobreza extrema y el hambre. Y es cierto que en el último par de décadas se ha conseguido reducir la primera, es decir, la pobreza que padecen las personas con ingresos inferiores a 1,25 dólares diarios: de los 1.751 millones de 1999 se ha pasado a 836 millones. Y la tasa de pobreza extrema en países en desarrollo ha caído del 47% de 1990 al 14% de 2015. Sin embargo, a pesar de la reducción, aún hay 795 millones de seres humanos que pasan hambre y, además, son un ejemplo de la desigualdad creciente, porque el 60% de los 1.000 millones extremadamente pobres vive en cinco países: la India, Nigeria, China, Bangladesh y República Democrática del Congo.

 

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